Factor de impacto: así funciona el número que determina "el prestigio" de los científicos y controla a la ciencia

septiembre 13, 2018

El sistema científico tiene muchos claroscuros. Uno de los más importantes es la forma de «valorar» la calidad de las publicaciones científicas. Esta valoración está relacionada íntimamente con un número, un índice llamado factor de impacto, que mide cuántas veces han citado sus trabajos otros colegas científicos. Este número determina de forma indirecta cómo funciona la ciencia hoy en día.

Así «se hace ciencia»

Cuando un científico se plantea publicar sus hallazgos en una revista, elige una entre cientos que compiten por su artículo. Estas revistas no son revistas normales, sino publicaciones especializadas destinadas a profesionales de la ciencia, normalmente organizadas por categorías (química, biología, medicina…). Desde que apareció el Journal des sçavans, en el siglo XVII, la ciencia comenzó su última etapa de progresión.

Este hecho es importantísimo para la historia de esta disciplina porque la modificó sin remisión, y cambió el mundo. La aparición de los journals, que es como se conoce a este tipo de revistas, determina «qué es ciencia» y qué «no lo es». Para que algo se considere un «hecho científico» ha de estar descrito en una de estas revistas. No es que sea una obligación, pero ningún científico moderno aceptaría un descubrimiento que no fuese publicado en ellas.

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La razón principal es que en torno a estas revistas existe un sistema que «certifica» que los hallazgos son reales y genuinos. A este sistema se le conoce como revisión por pares o Peer Review, y permite que otros colegas especialistas revisen y critiquen el contenido científico de un experimento para asegurar su calidad.

Esta introducción es vital para entender qué significa para la ciencia el índice o factor de impacto, pues este número determina el prestigio, importancia o valor que tiene para un científico una revista especializada. Al final, todo lo que es ciencia está recogido en estas revistas, de manera que la publicación científica se ha convertido, en los últimos cuatrocientos años, en el motor principal para hacer ciencia.

¿Qué es el factor de impacto y cómo se calcula?

Con revistas bien establecidas, además de academias e instituciones asentadas en torno a la ciencia, en 1955 apareció una idea que revolucionaría este campo por completo: el factor de impacto. El concepto lo aportó Eugene Garfield, para la prestigiosa revista Science, y consistía en medir la importancia de una revista científica según el número de veces que se citan sus artículos.

Citar un artículo significa que otro colega científico lo ha leído y, a su vez, lo ha mencionado en su propia publicación porque lo ve importante para su trabajo. De esta manera, cuantas más citaciones tenga una revista, decía Eugene, más importancia tienen los experimentos publicados en ella. El factor de impacto es lo que se considera un proxy, es decir, un valor aproximado y que no sirve para medir directamente, pero sí para dar una buena idea del valor de algo (calidad o importancia, en este caso).

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Las editoriales miden el factor de impacto usando sus propios métodos para calcular el número de citaciones

En concreto, este índice se mide contando el número de citaciones de los dos últimos años y dividiéndolo por el número de publicaciones totales. Esto, estadísticamente hablando, es una media. Las publicaciones que no son regulares o tienen menos de dos años tienen un factor de cero. Más adelante aparecieron las primeras listas que reunían la lista ordenada de publicaciones según este valor. La primera y más importante era Science Citation Index, que más adelante se convertiría en el Journal Citation Reports, la lista más importante y usada en todo el mundo.

Aun así, existen otras editoriales y publicaciones que miden también dicho factor de impacto siguiendo otros criterios distintos a la fórmula original. A su vez, las editoriales usan sus propios métodos para calcular el número de citaciones. Estos algoritmos suelen ser privados y una de las grandes críticas a este sistema es que no siempre parecen realistas o veraces. De hecho, el cálculo del factor de impacto y el oscurantismo de algunas editoriales ha provocado un debate profundo sobre un sistema que a veces no se entiende bien ni siquiera en el ámbito científico.

El número que controla la ciencia

¿Cómo puede ser que un número resulte tan importante en el sistema científico? Como decíamos, este valor mide de forma indirecta el prestigio de una publicación. Cuando hablamos con un científico, pocos entienden realmente qué es el factor de impacto. Para muchos de ellos es algo que saben que existe y de lo que han oído hablar, pero lo que les importa es el ranking en el que está la revista donde quieren publicar, que suele medirse en cuartiles o deciles.

Si dividimos una lista en cuatro partes iguales, el primer cuartil englobaría a todas las revistas que están en primer lugar de esta división. Igualmente ocurre con los deciles, pero su división es entre diez. Las publicaciones se colocan en uno de estos rangos según su factor de impacto por categoría. Así, una revista estará en el primer cuartil de la categoría biología molecular, y también en el primer cuartil de la categoría biología celular.

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Publicar en las revistas más prestigiosas determina si te darán una subvención o un proyecto para seguir investigando

Para las científicas y científicos es importante publicar en revistas lo más prestigiosas posibles (en los primeros cuartiles o deciles) de su categoría. Esto determina, por ejemplo, si recibirán una subvención, un contrato o si seguirán en su puesto de trabajo. En todo el mundo, la gran mayoría de contratos y proyectos científicos públicos tienen como cláusula un apartado dedicado a las publicaciones de los científicos.

En ellas se exige la publicación de cierto número de artículos y siguiendo ciertas características. Por ejemplo: que hayan sido publicados en los dos últimos años, en revistas pertenecientes al primer o segundo cuartil de una categoría concreta y que el autor sea el más importante del hallazgo. Esto ayuda a puntuar al investigador para que le otorguen el proyecto (y el dinero para seguir investigando). Este sistema, muy grosso modo, ha generado un problema que se conoce hoy día como «Publica o Muere», o Publish or Perish, que se genera al obligar a los investigadores a publicar para poder seguir publicando.

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En el «Publica o Muere» radican muchos de los problemas actuales de falsificación de datos y publicación de experimentos cuestionables a toda costa, y en las revistas más prestigiosas, para poder continuar en el mundo científico. Por otro lado, de manera aún más sutil, el factor de impacto determina el prestigio de una revista, por lo que muchas de ellas lo han engrosado a lo largo de los años usando diversas técnicas. Por último, existe una preocupación creciente de cómo esta percepción de prestigio derivada del factor de impacto ha afectado a la comunidad científica.

El precio de ser un buen científico

Desde hace años, el índice de impacto es calculado y controlado por las editoriales, quienes son en última instancia las grandes beneficiadas de este sistema. Esto se debe a que el sistema de revisión por pares y la forma de publicación sigue sus normas y, a la vez, el prestigio de las publicaciones también. Por tanto, las editoriales controlan la maquinaria «de hacer ciencia» y los científicos pagan por sus servicios.

¿Servicios como cuáles? Antes hemos comentado que para hacer ciencia hay que publicar en una revista, algo que cuesta dinero en muchas ocasiones. Por ejemplo, publicar en PLOS One, una de las más prestigiosas del mundo (en el puesto 15 de la categoría multidisciplinar) puede costar unos 2.000 dólares. En Nature, este precio ronda entre los 2.000 y 6.000, dependiendo de la publicación concreta.

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Estos cargos se denominan article processing charge, o APC, y se justifican en el proceso editorial existente detrás. Sin embargo, el modelo de negocio varía mucho entre editoriales. Un ejemplo de esto son algunas de Elsevier, entre las que se cuentan publicaciones con alto factor de impacto y que no cobran por publicación, pero sí por «servicios adicionales», como publicar figuras a color. Además del coste para el autor, las revistas cobran una tarifa a los lectores, de manera que los paper o artículos científicos solo son accesibles mediante pago.

En los últimos años han aparecido otros modelos de publicación como los Open Access, revistas de acceso abierto. Estas tienen especial relevancia desde la globalización de Internet, y pueden ser gratuitas tanto para autores (que publican) como para lectores (que suelen ser otros científicos). También existen variaciones de este modelo en el cual se paga por el acceso o por parte del acceso, etc.

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Este modelo, y sus derivados, surgió en parte como protesta a las dificultades de acceso a la información científica. A medida que estos modelos van cogiendo peso, el factor de impacto está cambiando su valor. A día de hoy no existe una relación directa entre prestigio, factor de impacto y precio de publicación. De hecho, también han aparecido otras métricas alternativas al factor de impacto, como son las Altmetrics, que tienen en cuenta citaciones, referencias, redes sociales y otros datos para evaluar la relevancia de un artículo.

Aunque los propios grupos de investigación son parte del problema, porque mantienen un sistema de pagos por prestigio que los hace sobrevivir en el juego de la publicación, poco a poco el panorama va cambiando. Hoy día las categorías están encontrando nuevas formas de valorar la importancia de las publicaciones, tratando de evitar las trampas y valoraciones desmesuradas. Sin embargo, por el momento, la «calidad» de la ciencia sigue unida, sin remisión, a un número llamado factor de impacto.

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Xataka

por
Santiago Campillo

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